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I'm the king of hell! [Art]

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Mensaje por Alexander el Mar Dic 06, 2016 11:48 pm
I'm the king of hell!

—Entonces… ¿Él vendrá?— murmuró una mujer, una joven bruja sonriendo lascivamente al cruzarse solo la imagen de ver al susodicho. No era raro que algunos nuevos miembros del Sabbath consideraran exquisita la idea de encontrarse con el sacerdote.

—¿Osas preguntarlo? Hace mucho que no podía presentarse, ya no puede seguir faltando a nuestras fiestas. Pero mira, que pilla, a ti se te nota que no es solo para conocerlo— Y otra mujer le sonrió al tiempo que le contestaba.

—Mujeres, muertas de curiosidad…—rodó los ojos uno de los brujos presentes ahí— debería llamarles más la curiosidad lo que es y de quien se trata; y no precisamente lo que lleva debajo de sus pantalones— y entonces se giró a observarlas, de brazos cruzados. Seguían aguardando la llegada del resto junto a la fogata.

—Ah, y tú que tanto sabes, entonces cuéntanos de quien se trata.

—Jah, ¡Se trata de alguien a quien deberían tenerle respeto y helarles la sangre! Claro que aquí somos todos iguales, pero este hombre no solo es nuestro sacerdote y sí, es claramente superior, chiquilla. Si no que, está completamente loco, y tiene mas poder que la mitad de nosotros al menos. No sé si mas que nuestra señora, pero el Darkwood es peligroso.

—¿¡Darkwood!? ¿he oído bien…?— comentó una mujer volteándose a observar al pequeño grupo de tres que hablaban tranquilamente— ¿Ese muchacho es parte de los Darkwood?

—Ni mas ni menos, yo que ustedes no lo tomaría a la ligera. No dudará en despellejarlas y arrancarle la carne con los dientes si se lo propone; aunque lastimosamente para ustedes, él está reservado especialmente para Morrigan hoy. Y hablando de Roma, aquí vienen.


Y entonces se hacían presente ambos azabaches, uno a la par del otro. Elegante y bella como siempre se encontraba Morrigan; y altanero y seductor siempre se encontraba Alexander.
—¡Arrodillaos! Que no he sufrido tanto para traerle para que no mostréis un poco de respeto, ¡Insectos!— y bruscamente hizo un ademan, haciendo que la mujer mas cercana se fuera de bruces al suelo.

—Oh Morrigan, no seas tan cruel, eres una arpía celosa— sonrió socarronamente mientras observaba a la azabache— Si tan solo es una nueva apóstata— entonces el mayor se giró a acercarse un poco a la menor, que había levantado la vista a ver al hechicero alzando una ceja incrédula.

—No se equivoque, señor. La señora Morrigan tiene todo su derecho en cuidar lo suyo, porque yo no dudaría dos veces en ponerle las manos encima— comentó descaradamente, sonriendo lascivamente luego.

—¿Ah, sí? Pero Morrigan sabe compartir…— comentó, cabreando a la bruja detrás de él, que luego suspiró notando que era otra de las mañas molestas del Darkwood. Él por su parte estiró la mano hasta el rostro de la menor, rozando los labios ajenos con el pulgar como si la inspeccionara.
Por otro lado aquella pequeña arpía rubia a sus pies, tuvo la descaradez de lamer con todo descaro su dedo, y luego el resto de su mano, provocándolo solo porque sí.

¡Oh, así que era de esas tan bonitas!

—Hmm, que atrevida— ¿Encantador? Alexander con esa sonrisa derretía mujeres, y quizá hacía que algunas partes de su cuerpo se humedecieran. Y más si usaba esa tonada de advertencia. Su mano la tomó de la mandibula, apretándola hasta que la menor hizo una mueca de dolor, y entonces se acercó a tomar sus labios. La besó con fuerza devorando la boca ajena sin reparo alguno, sin dejarla escapar.

Claro estaba que la rubia no se iba a negar en absoluto, o no lo hizo por unos segundos.

Luego sus ojos se abrieron de par a par, comenzando a desesperarse y arañando el brazo ajeno y con la otra mano intentando sacárselo de encima. Comenzó a gritar contra la boca ajena, escuchándose apenas gemidos y chillidos por lo bajo; aunque el azabache no moviera ningún musculo y siguiera prendido a los labios ajenos.
Aunque luego no pudo contenerse y comenzó a reír entre dientes,  y tomando a la rubia de los cabellos la tironeó con fuerza y terminó por arrancar aquello que había buscado minuciosamente en su boca. Seguidamente la lanzó con fuerza contra el suelo.
La apostata solo comenzó a chillar y gritar de dolor, aullando como un animal muriendo de dolor, tapando su rostro todo lo que podía de la cual emanaba sangre y más sangre.
Algunos comenzaron a reír  a carcajadas y otros solo negaban con la cabeza.

El azabache estaba cabizbajo, hasta que alzo la cabeza desinteresadamente, caminando hacia el altar mientras masticaba algo; quizá era muy obvio, pero lo degustaba felizmente.

—¡Hermanos míos, embusteros, criaturas de la noche, como os he extrañado!— y echó una risotada, tomando a Morrigan de la cintura y llevándola a su lado— ¿Algo que decir?

—¿Quién es cruel al final?

—¿También deseas que te arranque la lengua?

—¡Solo comienza el maldito Sabbath!




Y un poco mas allá se quejaba el primer brujo en hablar, diciendo cosas como "Les dije que esta loco, pero nadie me hace caso".

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