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Todo por una llave.

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Mensaje por Alexander el Miér Abr 12, 2017 8:10 am
Alexander era el chico de la mala suerte.
Nefereus, quien se encargaba de que así fuera.

Y por gracioso que sonara, de esa forma, era como funcionaba esa pequeña amistad… aunque en algunas ocasiones el rubio decidiera llevar esas cosas un poco más al límite por el gusto obsesivo que tenía hacia el azabache, uno cual era latente y casi no podía ocultar.

Ese día habían practicado arduamente con Merrick hasta el cansancio, las cosas iban por partes; Alexander al ser el “especial” debía hacerlo solo por el momento, hasta que pudiera controlar bien a su cosa rara. Por ende era el primero, y luego el resto en grupo.

Cuando su práctica terminó, estaba exhausto y de más estaba decir que lleno de tierra y pasto en sus ropajes; así que una ducha relajante no le vendría nada mal. Todo en orden, tendría todo el tiempo del mundo hasta que los demás terminasen, así que el Darkwood se encargó de regalarse un tiempo de paz. Al terminar de ducharse se marchó a la gran habitación para cambiarse.

No era la “gran habitación” porque realmente fuera un espacio muy gigante en el que cabían veinte camas y sobraba espacio. En realidad era un cuarto con el espacio suficiente solo para tener una cama de dos plazas, unos armarios y un espejo. La razón verdadera detrás del nombre era porque allí; amontonados, luchando por un espacio y chillando por un pedazo de frazada y almohada, dormían todos juntos. Y bueno, además de eso estaban todas las pertenencias y ropas de cada uno, así que era donde debían ir a cambiarse. Solo faltaba colocarse la camisa la cual no encontraba, y eso que tenía dos. Una era la que se había quitado, y otra de respaldo… Resignado ante la peor idea, llevó una mano hasta su cabeza estirándose el cabello húmedo hacia atrás.

Ese bastardo se la había escondido, estaba seguro.

Pero no podía decir eso sin antes revisar que no estuviese realmente, a veces podía inculparlo de cosas que no había hecho y sería injusto, suponía.

Aunque no haría falta buscar a Nefereus luego para tener que preguntarle en caso de no encontrarla: Él parecía haberlo encontrado primero.
La puerta a sus espaldas se abrió y de un salto el azabache se reincorporó girándose a buscar con la mirada al descarado que osase entrar si golpear. Bueno, era el susodicho rubio. Que no solo había entrado, si no que había cerrado la puerta tras de si… y con llave.

—Haha, no bromees. En serio. Déjame cambiarme en paz, Nef. Tengo cosas que hacer luego— negó con la cabeza, medio riéndose por la sutil “broma” que pensaba que le estaba haciendo. Y estiró la mano— Dame la llave.

—¿Qué llave? —sonrió, y luego levanto la mano y la observó— Oh, ¿Esta de aquí? Muy bien. —Y con toda la maldad de la que era capaz de hacer uso para avergonzar al azabache, estiró su pantalón junto su ropa interior y dejó caer a llave allí— Ven por ella, Leeeex~

El rostro del mas pequeño debió ser como “Qué, hijo, de puta.” Porque le miró con toda la amargura del mundo, y luego de un pequeño asentimiento levantó la mano, fingiendo que buscaba una palabra y al final terminó por soltar un sincero “vete al diablo”.

—Tiraré la puerta abajo si es necesario, ¿sabes? —mencionó antes de rodear al rubio y acercarse rápidamente hasta la puerta; pequeño error.

Pequeño error que sirvió al rubio para interceptarlo en el camino, agarrándolo y por la fuerza devolviéndolo al lugar donde estaba frente a la cama. Con la diferencia que en vez de soltarlo, se aferró a él, aprisionando los labios ajenos. La reacción de Alexander había sido lenta, no sabía en que momento había sido levantado para regresarlo atrás, en el cual intento golpearlo y gritar, y cuando ya estaba con los pies en el suelo y su “amigo” había comenzado a besarlo. Estuvo dos segundos hasta que parpadeó al notar la situación y con ambas manos sobre la cara ajena, intentó separarlo de él.
Lograndolo, al menos de sus labios, pero la boca ágil del rubio pasó a su cuello; mientras sus manos se aferraban a su espalda y cintura.

—¡Nefereus, Nefereus espera! ¡Basta! ¡Por amor a todos los dioses, detente! Mmgg, esto no está… b-bien— y aunque intentaba arañarlo y lo golpeaba y empujaba, no era mucho lo que podía hacer en contra de él. Solo que había logrado que parara de besar su indefenso cuello por un segundo para contestarle.

—No sé si esté bien o no, pero sé que no voy a dejarte salir hasta que no te resignes— arrastró cada pequeña palabra contra el oído ajeno, casi saboreando una victoria a punto de ser asegurada, dejando que su respiración caliente erizara la piel de su compañero— Es solo una vez, Alexander, ¿qué tanto daño puede hacerte?

¿Qué tanto daño podía hacerle? ¡No importaba si podía hacerle daño o no aquello, simplemente era como una violación si se oponía! ¡No podía ir complaciendo a todo el mundo por la vida! Era absurdo. Estaba nervioso, si a alguien se enteraba de algo, si terminaban de hacer sus entrenamientos afuera y… ¡S-si entraba Merrick y los veía! ¡Por Andraste! ¡Si Merrick que tenía copia de todas las llaves, entraba y…!

—V-v-van a entrar, y van a vernos. ¡Y estaré en problemas! ¡Y todo esto por tu maldito capricho! ¡Me importa un diablo si…! Ughhh. ¡Ya suéltame! —No importaba cuanta resistencia opusiera, sentía que mientras mas lo empujaba, mas parecía que las manos ajenas se aferraban a él hasta el punto de doler.

—¿Tendré que ponerme violento?— Alexander pudo haber soltado una carcajada en su propia mente. Ya lo había dicho, si hasta sería capaz de golpearlo con tal de someterlo. Había cosas que no entendería, y una de esas, era el supuesto “amor” que una vez Nefereus había confesado sentir por él; que mas que eso, parecía una obsesión enfermiza con aunque sea acostarse con él por la fuerza ya que nunca podría tenerlo. ¿Y el malo era él? ¿En serio?

—N-no, espera, escúchame un segundo. Haremos un trato— la palabra trato, era una de las favoritas en el diccionario personal del italiano. Porque siempre era quien salía beneficiado, y desde niño sabía eso. Lo que había funcionado en esta ocasión, pues entonces se alejó de el “espacio vital” del mas bajo, mirándole al rostro expectante— ¿Solo una vez estas diciendo? Una sola. Una maldita vez y estarás contento y nunca más volverás a molestarme con este maldito tema y abandonaras cualquier intención al respecto. ¿Estoy en lo cierto?— Estaba jadeante por la desesperación que le había provocado ser asaltado de aquella manera un segundo atrás, sin poder hacer nada.

El rubio pensó por unos segundos, bajó un poco la mirada al pecho ajeno divagando en sus pensamientos, y luego volvió a alzar la vista.

—Una sola vez, te daré la llave y te irás; no me dejaras de gustar… pero… puedo prometer no volver a insistir con este tema.

—No puedo creer que terminases saliéndote con la tuya. Es increíble— eso había logrado sacarle una risa a su contraparte, que le dio uno o dos segundos de libertad antes de volver a besarlo. Pero como el azabache había predicho, si él aceptaba su proposición, no sería tan brusco ni ultrajante. Ahora no imponía tanta fuerza, ni parecía querer devorarlo en un segundo; lo cual servía para calmar los nervios del Darkwood. Pero no para sentirse menos incomodo, por cierto.

Le generaba escalofríos, había sido una mala idea aceptar aquello pero de todas formas era el mal menor entre los males que podían pasarle si decía que no. En el plan A, sin magia, Nefereus lo hubiera golpeado hasta que no le quedasen fuerzas, y toda esa situación que estaba pasando por el método convencional, hubiera sido peor. En el plan B, podría haber usado magia para defenderse, pero al tenerlo prohibido, Merrick podría haber pensado que él no controlaba sus impulsos violentos y no podía acatar a una simple regla. Lo cual podría significar un castigo, o hasta echarlo de vuelta a Berlin. Analizando la situación… estaba en la mejor opción.

Bueno, la parte buena de analizar sus opciones para ignorar que lo estaban besando había acabado, realmente no podía estar mucho tiempo con la cabeza ocupada si estaba pasando eso. A su acosador no había sorprenderle mucho que no estuviese correspondiendo casi nada, pues aunque hubiera accedido le era simplemente difícil fingir que estaba disfrutando eso. Quizá en algún punto de su cerebro sí, quizá en algún punto lo haría, no estaba seguro; el cuerpo era un mecanismo extraño que atendía a cualquier estimulo. PERO AHORA MISMO NO ESTABA FUNCIONANDO.

Aunque de repente, había tenido una reacción inesperada al sentir entre beso y beso, que la mano que estaba según, en su cintura, ya no estaba en su cintura. Había pegado un salto en el lugar, totalmente abochornado y hasta el beso se había cortado por su torpeza de querer retroceder, y solo se había chocado contra la cama casi cayendo sentado sobre ella.
Sentado una milésima de segundo antes de que el rubio tropezara y cayera también encima de él. Ahora si se sentía incomodo, se sentía totalmente pequeño (y eso que de por si ya lo era).

—Hey Lex… casi estas temblando— hizo su observación mirándole desde arriba, bajó un poco y se acerco a besar sus clavículas, subiendo suavemente por el cuello— Me abre demasiado el apetito si haces eso.

—C-callate ridículo, el “coqueteo” no viene dentro del trato, me repugnas— ¿Y ahora tartamudeaba? Es que quizá el azabache pensaba enloquecer al rubio a cada segundo, porque si seguía así, inconscientemente terminaría hasta diciéndole que lo tomara lo más rápido posible.
No hizo mucho preámbulo en volver a besarlo en ese adorado punto débil que poseía, sin tener piedad alguna si debía morder, tironear, succionar, y cualquier cosa que se le ocurriese hacer con la boca para que el menor se removiera de desespero debajo de él. Y cuando notó que comenzó a hacerlo, fue cuando finalmente sintió la hombría de él restregarse contra la suya accidentalmente.

—¿Te repugno?— Le habló casi contra su rostro, con toda intención de intimidarlo— ¿estas seguro? Me pareció… —y entonces se deslizo contra él de nuevo— haber sentido.. —y otra vez— que eras tú quien se movía contra mi… —sintió como el cuerpo ajeno respiraba más fuerte, y sonrió triunfante antes de volver a acercarse a su oído— hace un momento atrás—.

Lo observó por el rabillo del ojo, podía ver que no quería decir nada. Que estaba conteniéndose tanto para hablar, como insultar, como gemir, como cualquier cosa. Solo escuchaba su respiración fuerte y jadeante, su pecho desnudo subir y bajar, tenia las mejillas sonrojadas por el calor y quizá, por otra razón, y cerraba los ojos cada tanto como perdiéndose en su cabeza.

No, no le parecía suficiente.

Quería que le rogara.

Por lo que siguió con el ritmo tortuoso un rato más, apretándose contra él y sintiendo su hombría endurecerse cada vez mas en contra de su voluntad, hasta el punto en que sus jadeos comenzaron a tener un leve sonido, y ya no era solo respiración agitada. No tuvo reparos tampoco en apretarle el trasero (que tanto amaba) a gusto para hacerlo dar un pequeño salto en el lugar.

—Y-ya deja… ahh. ¡Deja de ha-hacer eso!— ¿Había algo mas placentero que escucharlo con la voz plagada de deseo? Podía jurar que hasta se sentía arrastrada y melosa, o era un delirio de él.

—¿Porqué, Lex? ¿No lo estabas disfrutando? Me pareció que sí. —Decidió echar todo su peso en un solo brazo con el cual se sostuvo, haciendo uso de una mano traicionera para estremecer al azabache. Y cuando encontró lo que quería, apenas y lo apretó un poco con los dedos provocando que el mayor (porque irónicamente, era mayor que él) hiciera un ruido de placer— ¿Has visto? Que poco honesto eres. —Y con cero pudor, comenzó a masajearlo allí con lentitud, haciendo suma atención a cierta parte delicada— Vamos pequeño Darkwood, pídelo. Estoy ansioso por escucharte.
Iba a explotar, el azabache comenzaría a gritar de la desesperación si seguía de esa manera. Entre que lo tocaba, y hablaba contra su oído, y lo apretaba y humillaba de esa forma, su cordura tambaleaba impaciente por una reacción, la que fuera. ¡Y ya estaba harto de ese juego!

—¡Hazlo de una maldita vez, idiota!— Sin duda hubiera reido, Nefereus habría reido con eso. Se había puesto tan histérico que su voz había salido quebrada.

—¿Qué cosa?— Ahora había vuelto a la posición del principio, se colocó bien encima de él observándole desde arriba, con ambos brazos a sus costados obligando a su compañero a sentirse aun mas pequeño y encogerse en el lugar. Su voz había sido grave, y demandante— No soy adivino.

—¡N-no lo se! ¿Esperas que lo sepa? ¡Como si fuera yo el que es homosexual! ¡Haz lo que sea, lo que fuere que fueras a hacer! —y con todo el coraje del que era capaz de poseer en ese momento, lo tomó por el cuello de la camisa, acercándolo a él— Haz la maldita mierda que se te ocurra para quitarme este maldito estado que me has generado, ¿me escuchaste? ¡Quítamelo!
Parpadeó, un poco sorprendido y hasta divertido con la reacción del menor, era un testarudo a morir. Ahora diría que lo había hecho porque debía, y no porque quería, lo cual sería mas absurdo aún. Pero en fin…

—Eres un caprichoso, y ahora me lo pides así sin pedirme por favor. ¿Has notado que siempre has sido un niño mimado?... —Se arrodilló para quitarse la camisa, y desprenderse un poco el pantalón para su adorada comodidad, a lo que de aprovecho sacó la llave de su ropa— En fin, supongo que ahora que estas atrapado entre la espada y la pared, y me refiero a ese pequeño problema. —señaló entonces su hombría— no necesitaré esto como anzuelo. —Como si no fuera esa la maldita razón que lo había llevado a quedar en ese estado, tiró la llave al piso a sus espaldas, cual pedazo de basura. Al Darkwood parecía habérsele caído el alma al piso.


Sin piedad alguna, nuevamente, Nefereus volvió a degustar el frágil cuerpo debajo de él. Aunque en esta ocasión parecía más interesado en otras partes de su cuerpo. No se distrajo mucho besándolo en los labios, ni su cuello, ni clavículas, bajó un poco más hasta probar su pecho, mordisquear un poco sus pezones hasta que le doliesen, bajó hasta encontrar su estómago y se divirtió con la pálida piel de Lex dejando marcas moradas a su paso, que además de que aparecían muy rápido, tardaban en irse. Sus manos tocaban y apretaban todo a su paso, con tanta devoción que su piel podría haber enrojecido ante el tacto; mientras tanto su persona, solo parecía soltar algún quejido por lo bajo y un jadeo ahogado mientras temblaba sutil y deliciosamente.
No tardó más, ni se detuvo a preguntar si estaba bien o no, si quería o no quería, su permiso lo había obtenido dos veces ya, por lo que si había algún problema lo lamentaría mucho por él.

Adios ropa, fue rápido, dos o tres tirones y ya no había nada que cubriera la piel ajena. Y juraba que eso era algo curioso, pues no esperaba que alguien tan pequeño como Lex escondiera eso allí.
Pero a la defensiva, el mayor se sentó, retrocediendo un poco en la cama totalmente desconfiado.

—¡Si llegases a lastimarme o algo…!

—¿Cómo voy a lastimarte, idiota? ¿Tu lastimarías a las mujeres cuando te acuestas con ellas? No, bueno es lo mismo. Ahora cállate. —Era gracioso, bueno, estaba bien que no entendiera nada del mundo homosexual si quería verlo como algo tan raro y horroroso, pero venga, que no eran caníbales ni nada extraño. Y eso que no era un fanático religioso, no entendería jamás porque el pavor, el terror a que lo tocase un hombre. Sonaba como si en algún punto de su vida hubiese sufrido algún trauma psicológico por el rechazo que presentaba.

No pensaría en eso ahora tampoco, solo sabía que no haría nada tan loco como para generarle ese mismo terror. Lo tomó del pie, y lo tironeo para atrás para que volviese a caer tendido en la cama. Había soltado un grito asustado, sí, pero fácilmente a los segundos fue acallado por un gemido.
El miembro de Lex estaba latente y completamente erecto, resultado de que la adorada estimulación que le había hecho había surtido un efecto excelente, y que quizá realmente su oído fuera una de las zonas mas erógenas que tenía en el cuerpo además de sus órganos sexuales. Era curioso, Nefereus no estaba seguro de cual sería su punto débil, pero también debía tener uno.
¡E-era tan… oh, no había palabras! No se privó en lamer desde los testículos a la glande, en tocarlo con sus manos, en masturbarlo de todas las formas que encontrara capaces. Y los gemidos de Lex y observar desde allí abajo como se retorcía, arqueaba la espalda, además de apretar y hundir las manos en las sabanas buscando hacerlas pedazos era una imagen exquisita, y hasta digna de admirar por un buen rato. Lo escuchaba hablar, no le prestaba mucha atención a lo que decía; balbuceaba cosas… primero se negaba, luego gemía, luego parecía decir su nombre, y volver a negarse, “No, para”, ”no toques ahí”, “Se siente raro” y todo entre tartamudeos y la voz perdida por el placer. Casi no entendía, pero al verlo tan sumido en su cabecita cegada por el deseo, no le parecía tan mal.

—Mmgh, ¿te gusta? ¿Quieres que siga? —si bien no iba a volver a preguntar, esta vez la cuestión hecha se respondía sola. Pero quería saber si tenía algo que decir. Porque si realmente la estaba pasando bien, era un detalle que le gustaría mucho saber. Tanto para alzarse el ego, como para no sentirse tan culpable luego.

—S-se… se siente… —lo escuchó tragar en seco, casi haciendo un ruido de “glup”— bie-en. —Probablemente eso era lo único que había podido entender entre gimoteos y su respiración tan sonora. Quién hubiese pensado que Alexander podía hacer esos sonidos. ¿Quizá no lo sabía? ¿Lex era virgen? Hmmm… No creía que se hubiera acostado con Lenore aún, ni siquiera estaba seguro de si eran una pareja seria puesto que ella era demasiado joven todavía…

En fin, no estaba seguro si tenía porque saberlo. Quizá no.

El punto era que parecía estar haciendo bien su trabajo, y no dudaría en seguir probando el cuerpo ajeno, y tentándolo hasta puntos que él desconocía. Se aseguró de no pasarse tanto con eso, no quería que acabase tan rápido. Por lo que luego de saborear su glande un poco más con la lengua, se alejó un poco dándole un respiro a su pobre zona intima. Estaba sonriendo con todo el orgullo del que era capaz, se incorporó un poco y buscó el rostro del azabache; el cual no quería mirarlo a la cara. Estaba sonrojado, y con la vista clavada a la izquierda. El mueble parecía ser muy interesante, sí.

Maldito mocoso infeliz.

—¡H-H-HEY! ¿Qué hice!? —le gritó luego de que Nef lo pellizcase en un muslo, como un llamado de atención. Instantes luego el rubio se le había puesto encima buscando llamar su atención—

—¡No puedes ignorarme y no darme la cara en todo el rato, sabes! Estabas gimiendo como una nena hace un rato, Darkwood. ¡No hagas como si no hubiera pasado!

—¿¡Te aqueja que no quiera reconocerlo!? ¿Quién es el marica? Preocupándote por cosas banales como que no quiera mirarte a la cara, imbécil. ¿Soy tu pareja, debo mirarte a la cara, en serio? ¡Wow, no me había enterado!

—Solo eres un terco malnacido que no quiere admitir que le acaba de gustar que un hombre se la chupara. ¡Te guste. O. No. Alex~an~der! —le gritó contra su rostro, con el aire de cierta amenaza y buscando humillarlo.

—Entonces… POR QUÉ DIABLOS TE QUEJAS. ¡Si lo sabes! ¡Ya quítate, idiota!
Era muy bueno para ser real, pero sabido era que no podían estar mucho sin golpearse el uno al otro. Luego del codazo que le dio Lex eso se había vuelto un caos, y se habían golpeado varias veces hasta que Nef apretó tanto a Lex por el cuello que terminó por tranquilizarse, o se terminaría asfixiando. El rubio lo soltó por unos momentos, dejándolo que se recompusiera, y volvió con la tarea de martirio.

—¿Qué? ¿crees que he terminado?— le había dado la sensación, solo la pequeña sensación de que había querido levantarse, ¡y eso era inaudito! ¡No en su guardia! Así que lo había empujado, y luego lo giró bruscamente para dejarlo boca abajo. Y oh, sorpresa, él se colocó encima de él para no dejarlo levantar. Lo intentó de nuevo, una o dos veces, pero solo debía volver a aplastarlo para que quedase con la cara estampada contra la cama— Quieto he dicho.

—¿Qué mas quieres? ¡Ya hasta me golpeaste!

¿Uhm? ¿era una pregunta de verdad? Pensaba que no, pero no estaría mal contestarla por si las dudas. Asi que se agachó un poco, hasta acercarse a su oído y entonces sí se tomó la molestia de hablar.

—Te dejaré en paz luego de qué esté dentro tuyo— sin previo aviso puso una mano en su cabeza y le hundió la cara en las sabanas. Se movió un poco, reincorporándose y mirando al azabache desde arriba— Leeex, tienes un cuerpecito tan lindo, ¿te lo habían dicho? Hahah…

—Si, casualmente me lo dijo tu madre cuando me la coji hasta el cansancio a la muy puta. —protesto enojado, levantando apenas la cabeza se las sabanas. Al instante vino el golpe.

—¿Te crees muy gracioso, no? Que bueno que no me afecta, sé que era una puta desgraciada. ¿Qué te pareció el trasero de mi madre? Porque a mi me gusta demasiado el tuyo. —comentó, prestando atención en especifico a esa parte del cuerpo.


Se movió un poco, quedando un poco al costado; una mano la colocó en su espalda, presionando para que se quedase allí (aunque si era inteligente, no se movería tampoco) y con la restante, inició una expedición por la zona sur de su cuerpo. No reparó mucho en la idea de pellizcarlo y apretarlo hasta sacarlo de sus cabales, hasta lo escuchó gruñir enfurecido intentando levantarse, donde hizo presión con su mano en la espalda para que no se moviera; y luego finalmente se deslizó mas a otro sector. Notó que ese lugar ya de por si estaba demasiado húmedo culpa de toda la saliva que había usado anteriormente en practicarle sexo oral, lo que había sido una idea excelente; porque enseguida había deslizado los dedos por allí sin ningún problema, tocando suavemente su entrada aún sin intentar nada más que eso. Debía admitir que todo eso que estaba pasando hacía que su propia hombría estuviera a punto de morir si no salía de su pantalón, pero tenía que aguantar un poco más, aún quería torturar al azabache un poco más antes de poseerlo por completo.

Pudo oir como el mayor soltaba un grito histérico que acallaba contra las sabanas, iba en descenso hasta perderse en un ruido bajito. Esa había sido la reacción ajena cuando decidió insertar un dedo dentro de él, y esta vez no había podido contenerse en soltar una risa cinica. Se dedicó a moverlo un poco, hasta que luego de divertirse fue donde buscó el famoso punto g, haciendo una leve presión allí.

—Hahahaha, hey, Darkwood. Estás tan apretado como una virgen— y tan delicioso como una, hubiese acotado. No se detuvo en seguir tocandolo allí hasta que consiguiera que la resistencia del menor flaqueara, y cuando por fin lo oyó gemir, fue cuando decidió insertar otro dedo mas, masajeando justo en el punto exacto, con un ritmo lento y tortuoso.
No era de sorprender, que en pocos segundos apenas pudiese controlar la necesidad de separar un poco las piernas y fuera imposible acallar sus gemidos. Y aunque la idea de Nef no era en absoluto hacerle llegar a un orgasmo (porque tranquilamente haciendo eso, lo lograría) el mismo azabache parecía estarse desesperando ya. Incluso le había tomado de sorpresa.

—¡N-nef! ¡Nef, para, para por favor! —Y por el tono de voz que había usado, realmente tenías que hacerlo o parecía que entraría en una crisis. Quitó la mano, y le miró casi preocupado sin entender qué le había picado de repente. Volvió a subirse encima de él, hasta llegar a donde estaba su rostro sin entender nada.

—¿T-te hice daño?— Estaba de más decir que hasta había empalidecido.
Pero solo negó con la cabeza, se ayudo a levantarse un poco poniendo el peso sobre sus codos, y se limpió la saliva que tenía corriéndole el labio.

—B-Bitte…

—Was ist los?

—Bitte, Nef! Mach es einfach!


Oh… así que…

Si se lo pedía de esa manera, más que claro que no se negaría ni aunque se estuviese muriendo. Le besó varias veces en el hombro, bajando por la espalda; terminó por quitarse rápidamente la ropa restante, que ya había desajustado hace rato así que no le había generado tanto problema, y entonces volvió a ponerse encima de él. Era un alivio haberse quitado la ropa, porque ya le estaba doliendo la entrepierna de una manera infernal; pero aunque podría hacerlo bruscamente y sin cuidado alguno…

—Lex…—habló por encima de su hombro, casi en su oído— ¿qué te parece si levantas un poco tu trasero para mi? —sintió un estremecimiento por parte del contrario, había soltado un suspiro largo… justo cuando creyó que tendría que forzarlo, milagrosamente, había accedido a colaborar. Y juraba que la sensación de que se apretara contra su miembro era exquisito, magnifico, simplemente hilarante.

Y entonces sí, le separó un poco mas las piernas, se acomodó sobre él lo mejor posible y entonces lo penetró. No, no sería suave, ni lento, ni nada. Ya había sido dócil todo el rato, y seguir siéndolo sería pecado por la forma en que Nef era en realidad.
Por un momento sintió que se había quedado sin aire, pues había soltado un quejido algo adolorido, y recién luego de unos momentos volvió a respirar de golpe, jadeante y exasperado. Estaba agradecido, porque no hubiese querido parar porque el idiota se le había descompuesto de los nervios. (Alexander era un manojo de nervios andante, y a veces se desplomaba de la nada. Solía ser muy raro(?) pero cuando comenzó a moverse dentro de él, y lo escuchó hacer pequeños ruidos placenteros continuó aumentando el ritmo.
No fueron mas de uno o dos minutos que ya tenía al mayor haciendo los sonidos mas deliciosos que hubiese oído alguna vez, y no se sentía capaz de detenerse hasta que le temblasen las piernas. Se inclinó un poco sobre el cuerpo ajeno para quedar mas o menos a la altura donde estaba la cabeza del pelilargo, y con cierta imponencia lo agarró por el cabello para acercarlo los pocos centímetros restantes a él.

—V-veo que te g-gusta, ¿eh? ¿Q-quién esta gimiendo como nena, d-de nuevo? Mggh…—sentía que si seguía así, pronto alcanzaría el climax. Apresuró entonces el ritmo, embistiéndole con mas fuerza— Dilo, bastardo. ¡H-hazlo! —Muy gracioso era que aún estando en la situación que estaba, osara negar con la cabeza y decir “no” entre todo ese balbuceo. Era un desgraciado— ¿Seguro?—.

Lo soltó. Bien, podía empeorar su situación.
No se alejó en absoluto, quería tenerlo cerca cuando lo oyera admitirlo. Pero si llevó una de sus manos al miembro ajeno, y ahí, fue cuando al masturbarlo cantó victoria.
Es que, simplemente no creía que pudiera contenerse mucho ante eso, y cuando estuvo llegando al climax, fue cuando lo oyó rendirse y desmoronarse por completo.

—A-ahhh, ahh, N-nef. ¡N-n-neff…ereus! ¡Est-á bien! S-se siente… ¡Bien, malditamente bien! Uww…ahhh… n-no puedo, no puedo s-soportarlo más… —se preguntaba si ese chico tenía asma, porque la forma en que desesperadamente buscaba aire para poder gemir, hablar, y resistir todo eso, era curiosa. Pero no negaría que finalmente tenía el pecho inflado de orgullo al escuchar tales palabras. La suave voz de Alexander, tornada en un manojo de gemidos, balbuceos y gritos histéricos era lo mas hermoso que escucharía en la vida.

Lo sintió temblar debajo de él, su pequeño cuerpo empezó a temblar sutilmente, y cuando quiso notarlo, había acabado; casi desplomándose debajo de él. Luego de penetrarlo un par de veces más, él hizo lo mismo. E intentó hacer un esfuerzo muy grande, para quitarse de encima y echarse al costado, en vez de dejarse caer. Ahora si notaba lo pegajoso que se sentía, y que estaba sudando, y también que Alexander no caminaría normal por uno o dos días.

—Q-que… te quede en claro… n-no soy homosexual— comentó en medio de un sonrojo gigante que le cubría todo el rostro. Le provocaba demasiada ternura, seguía siendo un terco insoportable. Se aproximó un poco, a querer besarle y…




¡NEFEREUS!
¡DESPIERTATE!



Casi se le fue el alma al demonio. Dio un salto en su asiento, observó un poco alrededor… una oficina. Muy desordenada. Comida. Y al frente… ¡Ah madre mía! ¡Era de pesadilla, por favor!

—¿Qué. Diablos. Hacías?— El señor de sus pesadillas/sueños presente ahí, muy enojado. Muy. Tan enojado que hablaba como si pusiera un punto en cada palabra, y las arrastraba con todo el odio del que era capaz. Si, estaba al borde de mandarlo al demonio.

—¡A-A-A-AH, ALEXANDER! ¡ALEXANDER! Y-YO, E-E-E-ESTABA…. Dur-durmiend…o. Sí, durmiendo. Lo siento, es que… almorcé demasiado y… la digestión…
Alzó una ceja. Oh por favor, iba a matarlo.

—¿Sucede algo contigo? Estas… extraño. ¿Estas ocultando algo? No me digas. De que me tengo que enterar, que diablos hiciste esta vez. Nunca paro de enterarme de algo nuevo. —Afiló la mirada, pegando un manotón en la mesa y escudriñandolo con la mirada.

—¡NADA! No he hecho nada, solo estaba durmiendo y, t-tenía un sueño muy agitado. ¡Me asustaste! ¿Q-qué esperas?— Se alejó un poco, moviendo su sillón de ruedas un poco hacia atrás por sentirse intimidado.

—Por qué será que no te creo nada…— dada la pequeña casualidad que notó algo extraño por demás, y se quedó completamente en silencio. Alzó de nuevo la vista a él, con la expresión mas neutral de las neutrales, casi rozando el punto del desinteres total, de esos que ya no quieres saber nada— Oh… Creo… que prefiero no preguntar. Solo. Vuelve. A tu trabajo. —Se alejó del escritorio, negando con la cabeza.

—¿E-e-e-h? ¡Alexander, no es lo que tu crees! ¡No estaba soñando nada raro! ¡No… por favor, venga, no te vayas así! ¡Venias a decirme algo, no a vigilar si hacía mi trabajo! —Totalmente avergonzado, sin saber donde meterse ni tampoco queriendo levantarse por las dudas—

—Eh… si, sabes qué, olvídalo. Tomate tu… tiempo. —asintió lentamente, dejándole a entender algo— y luego me buscas. Estaré en el patio. —y sin mas preámbulo ni expresar nada, salió de la oficina.

—¿Estaba dormido?—interrogó Sheryl.

—Tenía otro de sus sueños húmedos de la infancia— la fulminó con la mirada— ¡Oh por favor, no te rías! ¡Estamos grandes para esto!

—¡Lo siento, lo siento! Hahahaha. Es solo… V-vamos, hay que seguir hablando sobre lo de mañana— lo siguió a lo largo del pasillo, aun riéndose— ..... no me digas que tu no tenías sueños mojados también alguna vez.

—¡SHERYL!


Solo había una explicación a que Alexander se hubiese dejado someter, y que él hubiera sido tan valiente para intentarlo... solo pasaba en sueños. ¡Y todo por una llave! ¡Terminaba de ser una locura!
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