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Fracasando en el trabajo, parte I.

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Mensaje por Alexander el Lun Abr 17, 2017 10:32 pm
“Otro día aburrido, de una semana aburrida, de un mes aburrido, de… un… año aburri—"


Y dejó caer su cabeza contra el pupitre del salón, haciendo un ruido en seco.

—¡Eh! ¡S-Samuel! ¿Estás bien?— Ése era él. Su mejor amigo. El idiota que debía cuidar de que él no tuviera los ánimos tan bajos como para no seguir.

—Hmm…— parecía reacio a levantar la cabeza del lugar.

—No voy a ayudarte con los exámenes si te duermes en clase— Estiró la mano desde su lugar, dándole un golpe en la nuca que lo hizo reaccionar, y levantarse a mirarlo con recelo— Y no me mires con esa cara, pequeño engendro.

—¡N-no es necesario que me golpees, sabes! Además necesito tu ayuda, eres el único que se sabe las cosas por ser un repitente— miró hacia otro lado, casi intentando ocultar una sonrisa de malicia.

—Sí, gracias por remarcarlo, gracias. Es muy útil. Yob tvoyu mat'— frunció el entrecejo— y yo que pensaba mostrarte un lugar que podía interesarte hoy…

—¡Un lugar! ¿Sobre qué? —y entonces se enderezó casi yéndosele encima al azabache, casi con un brillo de emoción en los ojos como si se tratase de un niño. El más grande solo pudo sonreír como si hubiese salido victorioso de algo.

—Hmm, no lo sé. No me convences— Apoyo su mentón en su mano, y luego giró un poco la cabeza a verle escudriñando los ojos grises del contrario, como los propios— Solo si aceptas ir a tomar unos tragos conmigo en la noche. ¡Hace milenios que no salimos por culpa de los estudios y el trabajo!

—¡Ojala fuera por el trabajo, pero no tengo!— dio un pequeño golpe a la mesa exasperado ante eso— Está bien, iré, pero debes mostr…—Pero antes de que pudiese terminar su frase el mayor ya lo había abrazado por el cuello, casi asfixiándolo.

Prekrasno! ¡Sabía que cederías! Aunque la realidad es que siempre cedes ante mi, soy muy convincente— sonrió un poco ladinamente, más luego se acercó un poco mas de la medida— Me pregunto por qué, Sammy— Estuvo a punto de replicarle algo como “Sí, sí, lo que digas” hasta que tuvo la intención de invadir su espacio personal a propósito como siempre hacía, como si estuviera riéndose de él. Había logrado que se avergonzara, sí, pero al instante reaccionó violentamente empujándolo.

—¡Ya quítate! Eres fastidioso cuando quieres.

—O tú eres muy fastidiable— rio un poco por lo bajo, volviendo a copiar lo que había en la pizarra— no te enfades, sabes que solo te estoy molestando.

—Uhm, es que a veces siento que...-

—No es como si estuviera dudando de tu sexualidad porque jamás me presentaste a ninguna de tus novias.

¡SASHA!

15 minutos después...


—¿Hmm? ¿Y por qué me había dicho que está en retención?

Ese viejo infeliz parecía estar riéndose de él. Llevaba cerca de cinco minutos de pie frente a su escritorio esperando a que mínimamente le pusiera un castigo o le dejara ir de una maldita vez, pero solo podía ver como bostezaba, hacia no sé que diablos en la computadora, y bebía su interminable café. Esa oficina era un horror, los papeles esparcidos por cualquier lugar, y para colmo un inepto que no sabía ni hacer bien su trabajo. ¡Uggh! ¡Por la madre Rusia!

—Ya le dije por tercera vez que golpee a un compañero en la cabeza con un libro. Pero me disculpé, y es amigo mio. No fue nada grave…

—Ah… ya veo.

Le produjo un tic en el ojo.
Es la tercera vez que también decía lo mismo.

Hasta que la puerta se abrió y pasó la misma persona por la cual él había terminado allí.

—¡Profesor Vólkov! ¡Las clases han acabado! Samuel ya se disculpó conmigo anteriormente, así que puede retirarse he de suponer. Además, la directora le ha llamado. No pierda el tiempo con nosotros, se ve que es urgente…— y al decir estas últimas palabras endureció más la mirada, como si estuviese hablando en serio.

—¡Está bien, lárguense! Iré a ver a la directora.

Sin más preámbulo, el mayor arrastró al castaño afuera; y allí finalmente se echó una carcajada, lanzándole la mochila al contrario, y su queridísimo skate.

—¿De qué te ríes?— Comentó bastante cabreado por todo lo anterior, agarrando las cosas y poniéndose la mochila al hombro.

—¡Yo que tú me apuraría! No lo ha llamado la directora, pero es un baboso— a Samuel parecía que se le había caído el alma al piso, aunque el azabache parecía tomárselo a la ligera muy plácidamente.  Dejó caer el skate al suelo, y se apresuró en salir antes— ¡Muévete, idiota! ¿O no quieres que te muestre ese maldito lugar?

No tardó mucho en hacer lo mismo que él, llamándolo por detrás para que lo esperase un poco. Moskva era la animada ciudad de aquél país frío transcontinental, con largas y gigantes avenidas tratándose de la parte central de la ciudad; aunque por justamente esa razón, eran las calles que evitarían toda la vida si no querían morir en ese mar de gente en la hora pico. Así que ir por el interior de la ciudad era de preferencia, aun soportando las bocinas, gritos e insultos de los automóviles y personas cuando cruzaban sin respetar los semáforos.

—La gente está muy de mal humor hoy…

—Pues si cruzas como suicida cuando ellos están conduciendo, creo que están en su derecho. Yo te habría atropellado a propósito, Sasha.

—¡Qué buen amigo! Por poco olvido porque me caes bien— rio entre dientes, esquivando un auto y finalmente dando un pequeño salto para subirse con el skate a la vereda, un poco luego terminó por bajarse. Samuel decidió subir cuando por fin se detuvo— Aquí.

Cuando finalmente alzó la vista a ver el lugar, no esperaba realmente estar ahí.
¿Un…?

—¿Un estudio jurídico? ¿Qué hacemos aquí?— frunció un poco el entrecejo leyendo el cartel. Oh por favor, era uno de los estudios jurídicos más lujosos que había visto. Y además, le parecía conocido el nombre…

—¿Cómo que qué hacemos aquí? No vine a perder el tiempo. Lee—y lo agarró de hombro, casi haciendo que tropezara, y arrastrándolo hasta la parte de la vidriera casi estampándole la cara contra ésta— ¿Lees eso? Eso no estaba allí hace dos días. Han despedido a la última secretaria por ser una inepta, se ve que no cumplió con las expectativas del jefe. ¿Entiendes?— entonces lo soltó, cruzándose de brazos para volver a esperar una respuesta diferente a la anterior.

—¿T-tú realmente crees que yo pueda..?— lo observó casi incrédulo, aunque en parte un poco agradecido de que su amigo creyera que podía…

—En realidad pienso que eres tan inepto como ella— Había pensado antes de tiempo. Ugh, este bastardo…— Pero, tú tienes una necesidad más grande que ella. Además eres bastante inteligente y organizado, mejor que yo diría. No importa que no tengas idea de cómo, pero si te esfuerzas, seguro lo logras.

—Aún así sigo siendo menor de edad. Imposiblemente lograría entrar en un trabajo en blanco. Y… n-no creo que tome un hombre como secretario— No estaba seguro, realmente, prefería cualquier otro trabajo antes que estar bajo la pata de un jefe que seguramente lo descubriría tarde o temprano.

—No te preocupes, que de tu edad me encargo yo y mi astucia. Por otra parte, ¿qué tiene que ver que seas hombre? No serás el único secretario hombre de Rusia.

—¿Quieres adelantar el día de mi muerte?

—Probablemente. O solo quiera darte una mano. ¿Entonces es un sí o un no? Para encargarme del resto.

Suspiró pesadamente viendo al pelilargo en frente de él; normalmente no había posibilidades de que las cosas salieran a medias bien o mal. O simplemente salían bien, o salían mal del todo. Eso había aprendido de las elecciones que tomaba junto a Alexander. Pero como hacía mucho que no le decía que sí, decidió que no estaría mal meterse en un embrollo de nuevo. Aunque está vez fuera más difícil si se trataba de un estudio jurídico, en el cual por obvias razones, habría abogados capaces de romperle la cabeza.

—Es un sí. Necesito el trabajo.


Yob tvoyu mat': Criollamente como diría el argentino, andate a la concha de tu madre; pero versión rusa algo mas sutil.

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