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Nunca, jamas, hagas enojar a una Darkwood.

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Mensaje por Kiru òvo)° el Dom Abr 03, 2016 2:56 am
[ Empezo siendo una cosilla graciosa y con mucha coincidencia que te iba a mostrar, y de alguna forma termino en esto<333

Por estas cosas no tenes que dejarme sola y sin rol por mucho tiempo D:(?]


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En el año 1920-y-tantos, cierta azabache fue desposada, y con mucho orgullo paso a llevar el apellido Darkwood. Tanto ella como su marido, el cual se dice vivió quinientos años, se amaban profundamente. Y por eso al poco tiempo recibieron una bella noticia, que no hizo mas que alegrar al joven matrimonio.

Ella estaba embarazada.

Y aunque no lo supiesen aun, en su vientre no solo crecía el heredero que su esposo tanto ansiaba, sino que allí había tres de ellos. Tres hermosos trillizos que, en la pequeña figura de su madre, pronto formaron una nada pequeña pancita. Panza que, al creer que allí se formaba una sola vida, fue rápidamente atribuida al amor de la joven por las cosas dulces.

Y ella realmente amaba los pastelitos.

Tanto que, cuando su doctora le anuncio no solo que debía ser puesta a dieta por el bien del "niño", sino que se le habían prohibido cualquier forma de pastel o postre hasta que tuviese un mejor peso, se sintió devastada.
Y aun peor fue cuando, al intentar saltarse aquella prohibición con un pastelito que había robado de la cocina, fue descubierta -por quinta vez- y reprendida severamente por su amado. Aunque se sintiese mal -y estuviese bastante enojada- por desobedecer a su doctora y preocupar a su marido, tanto por la salud de su mujer como la de su niño(s), ella sabia bien el fondo que si hacia caso de aquella dieta, su pequeño(s) pasaría hambre. Por lo que, adoptando una seriedad poco común en la alegre y despreocupada joven, señalo a su marido acusadoramente; y sentencio:

"¿Acaso no sabes porque los Darkwood temían tanto a sus mujeres? Es porque, cuando las hacían enojar mucho mucho, o las ponían tristes, ¡Se les caía el cabello y quedaban pelados!"

Mas al creer que solo se trataba de otro de los caprichos de su mujer, o en este caso de su enojo al prohibirle sus amados postres, el amenazado en cuestión no dio mayor importancia a aquellas palabras -pues su pequeña ya le había dejado en claro, en mas de una ocasión, como no le gustaba la idea y que "la hacían pasar hambre e iba a morir"-. Incluso se mofo de aquellas palabras, siendo que el jamas había escuchado nada parecido.

Aquel fue un terrible, terrible error por parte del pobre hombre.

Cinco días pasaron de aquel incidente, cinco días en los cuales el tema no fue mencionado y la joven Darkwood respeto su dieta en un silencioso sufrimiento, limitando sus quejas al hecho de verse desdichada a la hora de la comida.
Al sexto día, mientras la joven descansaba felizmente en la cama de la pareja y dibujaba en uno de sus muchos cuadernos, su esposo decidió ir a tomar un baño. La pequeña discusión que habían tenido ya en el olvido.
Al igual que los Darkwood anteriores a el, y los que le presidieron, este ostentaba con gran orgullo un cabello largo hasta la cintura, perfectamente cuidado y sedoso, y tan negro como la misma noche. Sin duda la envidia de cualquier mujer, e incluso hombre, que pusiese sus ojos en el.
Y mientras lo lavaba sucedió algo que de puro milagro no lo mato de un infarto en ese mismo momento. Al enjuagarlo quedaron enredados en sus manos mechones y mechones de su azabache cabello, que se estaban desprendido desde la raíz.

Tal como había dicho su mujer, estaba comenzado a quedarse calvo.

Aquel Darkwood sabia, sin lugar a dudas, que aquello no era obra de un conjuro, maldición o artimaña que, en su enojo, su joven esposa había lanzado sobre el. Lo sabia porque era el mas grande hechicero de su época, y hubiese notado algo así al instante. Para mas, aunque su mujer también practicaba las artes arcanas, no era muy habilidosa en ello. Solo podía hacer un tipo de magia muy especifico, y le era imposible siquiera hacer levitar el mas pequeño objeto sin que terminase en un desastre colosal.

Aquello, para su eterno horror, debía ser a causa de la maldición que perseguía a su familia, tal como se le había advertido. Pues no había otra explicación a que, de la nada, comenzara a caersele el cabello.
Cuando logro recuperarse de su shock inicial, el aterrado hombre salio corriendo de la bañera, mojado y muy desnudo. Pasando totalmente de su extrañada mujer -y muy apenada ante las vistas(?-, salio de su habitación en dirección a la cocina, al tiempo que exigía desesperado y a los gritos que le trajeran hasta el ultimo pastelito, chocolate y golosina que hubiese en cien kilómetros a la redonda.

Si el imponente Darkwood logro cubrir su orgullo antes de ser visto en semejante estado, o no, seria por siempre un misterio, pues si alguien le vio seguramente fue amenazado de muerte, y jamas revelo nada.

Lo que si se supo a ciencia cierta, es que al oír los gritos desesperados de su marido, cierta jovencita sonrió victoriosa, acariciando su pancita a sabiendas de que pronto ella y su pequeñito(s) estarían contentos y satisfechos, y se preparo para esperar su banquete.

Después de aquello su esposo nunca, jamas, trato de ponerle a dieta.
Y ni hablar de prohibirle sus antojos de pastelitos siempre que estuviese en su mano cumplirlos.



~♥~♥~♥~♥~♥~♥~  Muchos, muchos años después. En el año 2004 para ser exactos..... ~♥~♥~♥~♥~♥~♥~



Mr. Darkwood: (...) Y esa, hijos míos, es la historia de porque nunca, jamas, debemos hacer enojar a las mujeres de nuestra familia. Es una historia que entre los hombres nos hemos prometido pasar de generación en generación desde que sucedió.
Tu deberías de saberlo ya, Alexander. ¡Si hasta tienes el mismo nombre que el hombre de la historia! Te lo pusimos en su honor. *Termino de narrarles con cierto cariño -y pena(?- el hombre a sus dos hijos, uno pequeño, de unos 6 años, que lo observaba aun con los ojos grandes y sorprendidos ante tal historia. Mas aun, boquiabierto pasaba la mirada de su hermano mayor, que con 18 años estaba totalmente calvo, a su padre, y viceversa. Totalmente anonadado por tener la viva prueba de la "veracidad" de la historia ante sus ojos, al contrario de su hermano que la verdad estaba que echaba humo de la frustración.* Ahora Alexander, no se que es lo que le hayas hecho a tu hermana para que despertaras semejante maldición, pero si tienes pensado volver a dejarte crecer el cabello, o tener cabello, deberías comenzar a disculparte (....)


~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~♥~


Y aunque sin duda era una historia que todo Darkwood vivo, mujer o hombre, conocía... Bueno, podría decirse que entre las mujeres de la familia corriese una versión un poquito diferente....

Spoiler:
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